Hacía mucho que no escribía y, no lo hacía porque estoy mental y físicamente agotada.
Han sido casi siete años, de tragar, casi en soledad, mucho, muchísimo. De intentar evitar que a Stella la hicieran daño, de defenderla contra todos. Qué curiosa es la vida; ¿quién me lo iba a decir a mi?, con lo tranquila que soy, lo conformista, lo poco amiga de peleas; ya ves, con uñas y dientes.
El daño que han hecho ha sido tremendo, no solo por el daño que han hecho en mi salud, lo peor es que mi hogar, el que con tanto mimo construyeron mis padre, sobre todo mi madre y, luego Jorge y yo, se ha ido al garete. Stella, mi niña, por la que he dado mi salud, huye de él como alma que lleva el diablo. Estos años por los problemas con mis cuñadas y, ahora, porque no le gusta verme hecha una piltrafa.
Al final, parece que estoy así porque me apetece, pero los que estáis allá arriba, sabéis que no es así, sabéis lo que me cuesta el día a día, las pocas ganas que tengo de nada. Nada puedo hacer, esto es lo que hay y, con esto tengo que vivir.
Este verano íbamos a ir a Balma, pero, al final, no ha podido ser, los 15 días se han convertido en un mes largo. Y, me duele el alma y, me prometo a mi misma que voy a cambiar, no lo haré, seguirán siendo puñaladas al alma. No me puede decir que ya está bien de sentirme mal ¿acaso no valora todo lo que he hecho y hago por ella?; no quiero ni pensarlo, pero es una idea que me tiene el alma machacada. En el fondo tengo miedo, porque a lo mejor un día que me necesite yo no estaré para escucharla. Sin ir más lejos, desde ayer que empezó a darme lecciones de como debo o no estar, no tengo ganas de contestar sus mensajes, al final lo hago porque no quiero que se preocupe.
En fin, yo no elegí esta vida, pero si elegí con quien unir mi vida y, estos han sido los resultados. ¡Ojo!, sin arrepentimiento, porque Jorge, te sigo amando con toda mi alma.
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