domingo, 17 de agosto de 2014

SER MADRE

Supongo que ser madre es la cosa más fácil y la más complicada de todo lo que me ha tocado vivir. La mayoría de las mujeres (por experiencia se que no todas) nacemos con ese instinto maternal del que tanto se habla y, del cual poco se sabe, se tiene o no y, punto. También está el ejemplo que uno ve en su casa, que también se puede asumir o no, eso depende de cada uno.

Yo tuve tres magníficos ejemplos, mi amachu, no pase mucho tiempo con ella, sin embargo, la tengo grabada en el alma, mi tía Eugenia y, por supuesto, mi madre. 

Tres ejemplos de mujeres con fuerza y coraje y con toneladas de amor para dar. Mi querida mami, mi mamuchi, cuántos sacrificios, cuántos sufrimientos; cómo escondía sus tristezas, aunque claro, yo, que no soy tonta, la cazaba al vuelo y, allí estaba dispuesta a hacer todas las tonterías del mundo para verla sonreir. Según fui cumpliendo años, las confidencias fueron calmando esa tristeza que asomaba a sus ojos tantas veces; no hay nada como hablar. 

De las tres y, sobre todo de mi madre, aprendí como educar a mi hija y, creo que no lo estaba haciendo tan mal, pero, cuando murió Jorge, las cosas se precipitaron de tal manera, que muchas veces dudo sí habré hecho las cosas bien o mal. Sí que es cierto que he procurado seguir en la línea de educarla en una cierta austeridad, en el amor al prójimo, el respeto por todos y, tantas cosas que aprendí de mis mayores, pero también es cierto, que por las circunstancias que nos han tocado vivir, quizá la he consentido cosas que no la hubiera consentido. Vivo por y para ella, realmente es lo único que me queda del gran amor que nos tuvimos su padre y yo, bueno, yo sigo en ello; fue un amor tan grande que no se puede explicar; muchas personas me preguntan sí no he pensado en rehacer mi vida, imposible, mi vida sigue unida a él. Vivimos muchas cosas, buenas, malas, regulares..... pero, conseguíamos vencerlas todas, hasta que ya no pudo aguantar tanto desplante, tanto desamor por parte de su familia, sobre todo hacia Stella, ¡anda y que no llevábamos aguantando!, pero aquél verano del 2006 fue un mazazo para él. No hay peor ciego que el que no quiere ver y, él no quiso ver y no vio hasta que le tocaron a su hija. Es que los hijos han de tenerse por amor, no por tenerlos; sí se tienen porque si, no se quieren y, no sólo no se quieren, se les amarga la vida.


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